Páginas

martes, 24 de enero de 2017

Orgullo y sin prejuicios


       Hoy leyendo artículos sobre el éxito de la novela romántica, me ha llamado la atención, por no decir que me ha hecho mucha gracia, que algunos estudiosos para justificar la gran repercusión y efectos secundarios de dicho subgénero novelístico en los distintos sectores femeninos, aporten argumentos banales, simplistas o estereotipados que dibujan el perfil de una mujer lectora insatisfecha con su vida íntima, saturada de tomar Prozac, con grandes carencias afectivas, frustrada profesionalmente, harta de criar y limpiar, de formación baja, intelectualmente mediocre, cuyo futuro tras la lectura masiva de estos libros es cuanto menos apocalíptico, ya que al comparar los hombres reales con los protagonistas novelescos sufrirán una grave decepción que les impedirá tener relaciones. 


Y yo me pregunto: ¿lo creerán verdaderamente?



Sin ánimo de ofender y con la intención de hacer una pequeña reflexión, totalmente discutible, siento decir que estos estudios NO los COMPARTO en absoluto. Considero que solo una persona con intereses particulares o una visión muy limitada del tema puede afirmar una teoría de ese tipo, ya que destierran una RAZÓN, muy importante a mi parecer, que es tan sencilla y válida como las otras y no es consecuencia ni fruto de esa imagen gris y deprimente que se ofrece de la vida de una lectora de este tipo de narrativa. 

No entiendo por qué se obvia una razón de peso por la cual a muchas mujeres como yo no gusta LEER, ESCRIBIR y VALORAR este GÉNERO y a sus AUTORES/AUTORAS, tantas veces denostados e injustamente tratados.

Si yo echo la vista atrás, de pequeña era una niña a la que le encantaba soñar, fantasear con todo tipo de historias donde la aventura y la magia fueran los ingredientes básicos, pero reconozco que cuando caía en mis manos una antología de cuentos, no me preguntéis por qué, me recreaba con admiración en aquellas que tenían una gran historia de amor. 
Entonces, como comprenderéis, aún no había sufrido ni siquiera las primeras decepciones amorosas, es más, ignoraba lo que era tener novio o prendarme de un chaval. Para mí los únicos hombres de mi vida eran mi padre y mi hermano. 
Si sigo avanzando en el tiempo y analizo los libros de distinto GÉNERO LITERARIO (poemarios, obras de teatro, narraciones) que fueron dejando una huella imborrable en mi camino como lectora, casi todos entraban dentro de esa etiqueta que denominaríamos como ROMÁNTICOS, recorrido lector, por cierto, que iba al margen de mi experiencia personal. Incluso si sirve como dato con el tiempo la lectura de Tormento, Orgullo y Prejuicio o Jane Eyre no me supuso un trauma ni un impedimento para encontrar novio. Es decir, me enamoré de una realidad, no de unas expectativas generadas por una ficción. 
Y es que no olvidemos que el problema no lo tiene el hecho artístico, sino el uso que se haga de él o el equilibrio de la persona que lea. 
Si hacemos un poco de historia esta tendencia "romántica" dio origen incluso a un movimiento artístico y filosófico, cuya estética y sensibilidad ha influido en grandes de la literatura. Con ello no quiero decir que el ROMANTICISMO LITERARIO del s.XIX equivalga a la NOVELA ROMÁNTICA ACTUAL, lo que estoy simplemente intentando explicar es que los gustos, las aficiones, las tendencias a consumir un producto artístico concreto no tiene por qué responder a un trauma o a una insatisfacción personal, sino a una SENSIBILIDAD determinada, a unas preferencias temáticas, estilísticas, a un "leo esto porque me encanta, me hace disfrutar, me regala un momento único, me proporciona ENDORFINAS señores, ENDORFINAS, al igual que el deporte, un souffle de limón o un concierto de Juanes." 
Tan difícil es entender que muchas personas somos FELICES leyendo una novela romántica y no lo hacemos porque seamos el vivo retrato de "Mujeres al borde de un ataque de nervios". 
Pues sí, amigos lectores y especialistas en estudios. ¿¡Qué le vamos a hacer!? 
Las conexiones neuronales al leer provocan que mis hormonas segreguen endorfinas, no saben de autores sino de estímulos y emociones y estas me las provocan tanto Homero, Miguel de Unamuno, Mario Benedetti o Federico García Lorca (cuatro de mis autores favoritos) como Lena Valenti, Lisa Kleypas o Arlette Geneve (tres de mis autoras románticas favoritas). 
Por tanto, en vez dedicar el tiempo a desprestigiar historias y autores cuyo noble objetivo no es otro que entretener y hacer soñar, o a menospreciar a quienes deciden leer una buena novela romántica por la sencilla de razón de pasar un buen rato, invirtamos nuestro esfuerzo en potenciar el HÁBITO de LECTURA respetando los GÉNEROS que lo fomentan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario